REPORTAJE

 

Cuando

el  desempleo

                       nos alcance

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Cerca de 500 ambulantes bullen en las banquetas de calles y bocacalles de la ciudad ofreciendo sus mercancías.

 

 

 

MARIO RAÚL HERNÁNDEZ

        (PRIMERA PARTE)

 

Una parte de los nuevos desempleados por la crisis económica, en Iguala, Guerrero, se han refugiado en el comercio informal. Cerca de 500 ambulantes bullen en las banquetas de calles y bocacalles de la ciudad ofreciendo sus mercancías.

Vienen de diversos puntos de la entidad, principalmente de zonas indígenas, en busca de un empleo de sobrevivencia y ante la necesidad, se ven forzados a incorporarse al ejército del comercio informal bajo la “protección” de algún  líder.

Tanto en Iguala como en la entidad guerrerense un elevado porcentaje de la Población Económica Activa (PEA) trabaja en la economía informal.

Muchas de las actividades que el ambulantaje realiza son poco productivas, por lo que, en general, los trabajadores de este sector reciben los salarios más bajos de la economía.

Además de que no son objeto de las prestaciones de seguridad social que la ley establece a los trabajadores asalariados del sector formal.

La evidencia indica que el comercio informal solo se reducirá cuando el crecimiento real de la economía sea superior al aumento de la PEA.

Los datos que aquí se presentan son resultado de la investigación realizada por Página 12  en las  principales calles del primer cuadro de la ciudad así como del mercado municipal “Adrián Castrejón”, en donde se observó que también existe un apoyo mutuo de los consumidores para el comercio informal, comprando sus mercancías.

 

Ambulantaje desde la antigüedad

 

El ambulantaje en la ciudad de Iguala es un fenómeno que tiene hondas raíces que se remontan  desde la llegada de los primeros pobladores en su fundación (1347), aunque no se puede precisar quiénes fueron.

Diversos historiadores coinciden en argumentar que esta región estuvo habitada por tribus olmecas, metlazincas y al final llegaron los nahuas-coixcas, sin embargo, la historia nos remite que el pueblo se fundó con la tribu de Los Chontales.

Lo que nos remite a reflexionar que el comercio informal no es como en muchas ocasiones se tiende a pensar: un problema social.

En el año de 1925, los tianguis de Iguala eran  los días sábados y domingos, pero nunca faltaron los mercaderes que se quedaban  hasta el lunes en la mañana para lograr más clientes.

El  comercio en Iguala siguió floreciendo vivamente gracias a la llegada de extranjeros provenientes de todas partes del globo, y que introdujeron tiendas comerciales de diferentes ramos en los portales de la ciudad.

En aquella época ya era costumbre ver a diario vendedores de granos, verduras, frutas, granjerías, dulces caseros y los primeros puestos que vendían alhajas de oro y plata, siendo que con el tiempo esta actividad le daría a Iguala el título de “La ciudad del oro”, estos comerciantes acostumbraban vender su mercancía en los portales, afuera de las tiendas grandes.

Si ha llamado la atención  los últimos 15 años ha sido por el evidente crecimiento de las personas que se dedican a esta actividad, por la manera desordenada en la que se han establecido en calles importantes del centro de la urbe.

Así también por los conflictos que suceden constantemente de las agrupaciones de ambulantes con comerciantes establecidos, con la autoridad municipal y con la ciudadanía que transita por las vías públicas, en donde realizan sus actividades comerciales.

Cabe observar que debido a la competencia entre el comercio informal y el formal el comerciante establecido también ha invadido las vías públicas, sacando las mercancías de sus empresas para ofrecerlas al público en espacios que fomenta desorden y caos.

La proliferación del comercio ambulante con acelerado crecimiento anárquico, en los últimos 15 años ha desatado, por otra parte, la lucha de intereses de líderes con la autoridad municipal.

Así también se han capitalizado política y económicamente las necesidades de ese ejército de desempleados que emigran a esta ciudad en busca de oportunidades.

Se precisa que un porcentaje de estos vendedores ambulantes son “golondrinas”, es decir, durante la siembra permanecen en sus comunidades, y en tanto llega a cosecha, emigran a la ciudad para dedicarse al comercio informal.

 

Soy de Cuaxquetitengo

 

“Yo aquí a veces me gano hasta 100 pesos al día, cuando bien me va, y 60 cuando el día es malo”, dice Francisco Espinobarro, quien vende pabellones desde hace 12 años en la explanada de Las Tres Garantías, y llegó a la ciudad desde hace 30 años a trabajar como comerciante informal.

Tiene 58 años de edad, habla el mixteco y viene de Cuaxquetitengo, comunidad perteneciente al municipio de Malinaltepec.

“Antes vendía frutas de temporada en carretilla, que me alquilaban con todo y mercancía y me pagaban 15 por ciento del total de las ventas”.

Francisco explica que viaja a Cuaxquetitengo en tiempos de cosecha y siembra; el resto del tiempo se la pasa en Iguala de ambulante, “es un trabajo que me da la oportunidad de irme y regresar cuando yo quiera”.

Es casado y su esposa vive con sus tres hijos en Cuaxquetitengo, a quienes les lleva dinero cada semana o cada 15 días.

 

Ejércitos de desempleados

 

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El desempleo en México alcanzó niveles dramáticos durante la administración de Vicente Fox y Felipe Calderón.

Al día 364 personas ingresan al ejército del desempleo; el 55 por ciento del empleo generado en el país se encuentra en la economía informal.

De los que trabajan, más de las dos terceras partes no cuentan con prestaciones. Tendencias que van en aumento tanto en la tensión social,  movimientos radicales así como la violencia.

En el Censo General de Población y Vivienda 2005, efectuado por el Instituto Nacional de Estadística Geográfica e Informática (INEGI) la población total indígena en el municipio de Iguala, ascendía a 2 mil 525 personas, que representan el 2.03 por ciento respecto a la población total del municipio. Sus principales lenguas indígenas son el náhuatl y mixteco.

El municipio igualteco, el tercero más importante del estado de Guerrero, se ha desarrollado desde hace 15 años en la ingobernabilidad del comercio informal.

Las calles de la ciudad son tomadas por los ambulantes y ahora hasta por el comercio establecido, con el permiso de la autoridad.

Si bien es cierto que en los últimos 10 años el desempleo se vio incrementado en la población igualteca, también es cierto que diversos dirigentes han aprovechado este problema estructural de la economía.

 

Policías contra ambulantes

 

El 21 de mayo de 2010, en medio de gritos y empujones, inspectores de Reglamentos y policías municipales se enfrentaron a comerciantes ambulantes al pretender desalojar a un vendedor de joyería de plata, instalado  en las inmediaciones del atrio de la iglesia de San Francisco de Asís, en el centro de la ciudad.

Ahí el miembro de la organización “Mártires del Vado de Aguas Blancas”, Simón Luna Olguín junto con el líder Francisco López Liborio, intervinieron para que la autoridad no efectuara el desalojo.

Se reveló entonces de que los dirigentes mantienen pacto con la autoridad, a fin de que haya un respeto mutuo en los padrones de comerciantes informales, que manejan cada uno de los líderes  y que establece que ningún  vendedor puede ubicarse sin consentimiento de alguno de ellos.

Así también la cuota de “permiso” que aporta cada ambulante a su dirigente oscila entre los 50 y 100 pesos cada mes.

En esa ocasión el dirigente López Liborio también declaró: “Lo único que queremos es que el director de Reglamentos, Margarito Cambray, retire de la calle a los ambulantes nuevos y respete el padrón. No es justo que sea la misma autoridad municipal quien incremente al ambulantaje por ganarse unos pesos más”. CONTINUARÁ….

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