Reportaje


Día de Muertos,
días de guardar

*  La ofrenda comprende una práctica sagrada en la que las dádivas se representan a través del pan, la sal, fruta, agua, vino y el alimento preferido del difunto *


En el Día de Muertos la gente canta, ríe y baila con la muerte.

Mario Raúl Hernández

Día de Muertos, días de guardar, días de honrar a los fieles difuntos; de olor a copal, a flores, a pan y a velas. Esa es la tradición mexicana, una celebración a la misma muerte que cada año se celebra en México, es la fiesta en donde se canta, se come, se ríe y se baila con ella.
Cada año el 1 y 2 de noviembre se convierten en un ritual de antecedentes prehispánicos en el que se levantan altares para honrar a los santos difuntos. Se pone la mesa para recibir la presencia inexplicable de quienes ocuparon un lugar en el mundo de los vivos y que ahora toman forma en esencias, alimentos, bálsamos y elementos que los traen de vuelta.
La mesa puesta es la ofrenda, una práctica extendida desde que en el México prehispánico se rendía culto a los difuntos con rituales mortuorios destinados a encaminar su alma hacia el lugar que les correspondía: Mictlán o Tlalocan.
La ofrenda comprende una práctica sagrada en la que las dádivas se representan a través del pan, la sal, fruta, agua, vino y el alimento preferido del difunto. Se pueden enriquecer según la tradición de la región, comunidad o familia e incluir otros elementos que personalicen el acto.
La ofrenda es, entonces, el reencuentro con un ritual que convoca a la memoria para dialogar con el recuerdo de los muertos. La ofrenda es la manifestación de las ideas de los antiguos mexicanos sobre la permanencia de los lazos que se mantenían con los difuntos, los que no abandonan del todo este plano y conviven con los vivos.

LA MUERTE ES VIDA

Para los antiguos pueblos indígenas de México y hasta ahora, la muerte es vida y trascendencia que se traduce en rituales como las ofrendas de Día de Muertos.


Armando Ruiz, párroco de la iglesia Sagrado Corazón.

El 1 de noviembre la iglesia católica celebra a Todos los Santos, a aquellos hombres y mujeres que en la historia de la iglesia han dado ejemplo de vida y han muerto con olor a santidad, señala el padre, Armando Ruiz Beltrán, de la iglesia Sagrado Corazón, ubicada en el centro de Iguala.
También dice que en la actualidad hay muchos santos modernos que ahora conocemos, por ejemplo, Juan Pablo II, es un santo que nosotros conocimos y que ahora la iglesia lo tiene ya en los altares.
El 2 de noviembre la Iglesia celebra a todos los fieles difuntos, es decir, a aquellas personas, familiares nuestros que este día retornan a la Casa del Padre, que también fueron muy queridos, muy amados por nosotros y que hoy se les recuerda.
Al respecto el párroco menciona que esta tradición es bonita porque se recuerda a los seres queridos, a los que se les recibe con alegría, para lo cual se le ofrendan alimentos, bebidas, frutas -lo que más gustaba al difunto-, se encienden veladoras como símbolo de la presencia de Jesucristo que va a iluminar sus vidas, el caminar o el peregrinar hasta la casa del Padre.
Pero también la fotografía, el pan, el incienso y las flores que simbolizan el aroma de la naturaleza, la vida que le da ese significado o ese toque bonito a los altares mexicanos.

TRANSCULTURACIÓN

El padre Armando refiere que hace algunos años esta tradición estaba perdiendo el sentido, sobre todo entre los jóvenes, porque se estaba imponiendo la cultura de la muerte: el “Halloween”.
Así también los medios electrónicos como la radio, la televisión, la internet y la prensa escrita están promoviendo la tradición mexicana, que es ofrendar a los fieles difuntos, recordar a nuestros seres queridos, “que no son brujas, momias ni fantasmas, que no son malos, sino que fueron nuestros familiares a los que recordamos con mucho cariño y respeto”, -aclara.
Pero, además, comenta, que la fiesta del “Halloween” es pagana y satánica, es un evento comercial que sirve para vender máscaras, trajes e infinidad de cosas, que rinde solo ganancias a las tiendas que expenden estos artículos.
He observado –dice el presbítero- que en la ciudad no se está promoviendo este tipo fiesta -refiriéndose al “Hallowen”- “como que se va tomando ya conciencia de que tenemos que conservar lo nuestro, preservar nuestras tradiciones, costumbres y, además por el tiempo tan violento que se está viviendo donde la muerte y el mal están imperando”.
Refiere que hoy la población lo que anhela es la vida, la luz, la paz y el bienestar, en donde la Iglesia está promoviendo constantemente que se celebre a los Santos, que se recuerde a los familiares con respeto y se preserven las tradiciones mexicanas.

“LA SANTA MUERTE”

Al preguntarle sobre la idolatría que hay sobre “la Santa Muerte”, expresa que ésta es una celebración pagana, igual que el “Halloween”.
“La Santa Muerte”, asegura, es socia de Satanás, “y obviamente no queremos fiestas satánicas que nos lleven a la cultura de la muerte, que es lo que se vive en estos tiempos”.
Entonces la muerte ni es santa para empezar, porque no es una persona, es una consecuencia del pecado, no es algo que Dios creó en el hombre, sino que es una consecuencia por la desobediencia del hombre que peca y que ahora tiene que pasar ese trance de la muerte.
Explica que la gente, obviamente, le ha querido rendir culto a la que también le llaman “la niña”, “la madre”, “la blanca”, nombres que le han dado a “La Santa Muerte”.
Más que nada es el ocultismo, es una fiesta satánica de los ocultistas, que no es venerada por la Iglesia Católica ni los católicos.
“Jesucristo venció a la muerte, triunfó, resucito y nosotros creemos y queremos la vida, es más, para nosotros los católicos la muerte no es el fin, la vida no se acaba, la vida se transforma”.

DECISIÓN EQUIVOCADA

El padre Armando Ruiz considera que en estos tiempos de crisis lleva a la gente a tomar decisiones equivocadas: por hallar trabajo, obtener dinero o por problemas de salud recurre a la magia negra sin importarle ir a Satanás o a la muerte.
Por lo que este culto de la muerte ha estado creciendo, muchas veces por la ignorancia de la gente que no se instruye, no se capacita, no investiga. Simplemente, le dicen, “mira yo le puse unas manzanas a la muerte, le rendí un culto y me salvó, me ayudó y ahora tengo trabajo”.
Y entonces se piensa que es algo bueno, y hay que tener en cuenta que Satanás también tiene poder, que también quiere ganar a sus adeptos.
Y entonces a través del “Halloween”, a través de “La Santa Muerte”, del espiritismo, del ocultismo y del satanismo, están ganando terreno.

NO TIENE RELIGIÓN

Se le cuestiona que, si la muerte tiene religión, -y responde- “para empezar no es Dios; segundo, no es un santo”.
Un santo fue una persona que vivió, estuvo aquí en la tierra, realizó obras de caridad, se encargó de evangelizar, derramó la sangre por Cristo y que dio sus bienes a los pobres.
Como fue el caso, ejemplifica, de San Francisco de Asís, que se desprendió de las cosas del mundo y se dedicó a la oración, al servicio y a la caridad.
“A esas personas nosotros les llamamos santos. Y la Iglesia los tiene reconocido para el culto. Entonces la muerte no es una divinidad; a lo mejor la gente le quiere dar ese título de santa, y ahí estamos faltando a uno de los mandamientos de la Iglesia: amarás a Dios sobre todas las cosas”.
Por lo que no se puede señalar que la muerte tiene religión. En caso de que lo hubiera, -por el culto que le rinden en México y aquí en Guerrero- “he visto muchas imágenes de la muerte, no se podría considerar como una religión, sino más bien como una idolatría”.
“Nosotros como católicos sí preservamos esta tradición porque así recordamos a nuestros seres queridos que se nos han adelantado, y el 2 de noviembre es el Día de los Fieles Difuntos”.

DÍAS DE GUARDAR

Estos días, son días muy especiales, dice el padre, en donde se recuerda lo que nos enseñaron desde pequeños. “Se nos ha inculcado que el 1 de noviembre tenemos que guardar ese día para recordar a Todos los Santos”.
“El 2 de noviembre tenemos que ir al panteón, llevar flores, prender una veladora, poner un altar en nuestra casa para conmemorar a nuestros fieles difuntos”.
El párroco señala que la gente debe seguir conservando esta tradición, en donde los padres de familia tienen la función más importante: educar y fomentar en sus hijos estos valores religiosos de los mexicanos.
“Que no les inculquen otra cultura que no sea la nuestra; a veces los papás son los responsables porque permiten que desde pequeños o jóvenes celebren el “Halloween” u otros tipos de fiestas que son totalmente paganas”.


 Guillermo de la Cruz, el cronista.

Para el cronista e historiador Guillermo de la Cruz Issa, el 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre se festeja en esta ciudad el Día de Muertos. El 31, corrige, se recuerda a las almas de los infantes difuntos; el 1 de noviembre, por la noche, se exhiben vistosas y coloridas “tumbas” en memoria de los seres queridos que fallecieron dentro de los doce meses anteriores.
El 2 de noviembre se acude a los panteones a rendir pleitesía a todos los que se nos adelantaron en ese gran viaje al más allá, del que se vuelve en espíritu cada año para compartir la mesa con los que aún viven y no olvidan a sus difuntos. De ahí que los familiares colocan la ofrenda para demostrar al alma, que regresa, todo el cariño que se le profesa y hacerle sentir la armonía que reina en el seno familiar.
Guillermo de la Cruz precisa que esta celebración tiene un significado muy profundo. Para el indígena la idea de otra vida era colectiva, para el católico la idea de salvación es personal.
Para nuestros antepasados, después de la muerte se emprendía un largo viaje del que el espíritu volvía cada año para convivir con los suyos; para nuestras religiones después de la muerte hay un premio o castigo para las almas.
“En casi todos los países, -expresa- la palabra muerte jamás se pronuncia. El mexicano la adula, la festeja y ríe”.
“Tal vez sea el mismo miedo de los otros, pero nosotros la miramos cara a cara. El Día de los Muertos es la fiesta donde se canta, se come, se ríe; se baila con ella, con la pelona, con la catrina”.
La fiesta de los muertos conmueve a todas las almas, cualesquiera que sean sus creencias religiosas porque, de todos modos, aunque no se crea en la eficacia del sufragio de los vivos y se niegue el purgatorio, ella trae a la memoria el recuerdo de los seres queridos que no existen.
De la Cruz Issa, expresa que, para los que no profesan el culto del sentimiento, la fiesta de los muertos es como cualquier día del año, “pero para quienes abrigamos un gran sentimiento es una fiesta del espíritu y en eso nos distinguimos de París, de Madrid y de cualquiera otra parte del mundo”.

LA UNESCO

El “Día de Muertos” en México es una fiesta que vale la pena vivir. Por eso desde el 2003 la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconoce esta tradición mexicana como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.
En el calendario agrícola, la festividad de “Día de Muertos” coincide con el final del ciclo del maíz, y esto se reitera de alguna manera el homenaje que se le hace a la muerte a través de ofrendas llenas de comida, donde la base es el mismo maíz.
Las ofrendas forman parte fundamental de la festividad del Día de Muertos, pues es una manera de hacer que nuestros difuntos nos visiten para volver a gozar de los placeres mundanos.
Así es como una vez al año, las casas mexicanas y muy en especial las de los pueblos indígenas, abren la puerta para recibir a sus antepasados.
También se conoce esta festividad como los fieles difuntos y se divide entre los difuntos chiquitos y los adultos, pues a cada uno se le ofrendan cosas diferentes.
A los niños o angelitos se les pone dulce, chocolate y juguetes; mientras a los difuntos adultos se les pone comida más elaborada, y en su mayoría, la bebida alcohólica de su preferencia, sin que puedan faltar las flores que complementan la belleza de los altares.
Cada región del país posee una manera particular de celebrar a sus muertos, por ello es importante conocer la diversidad de ofrendas y sus significados más cercanos.



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