Las economías informales son
como los dolores de cabeza
Nuestra
realidad no puede estar tan distante de lo que el periodista Francisco Vidal,
describe en esta investigación. Y es que, en los mercados de los grandes
municipios, como el mercado municipal “Gral. Adrián Castrejón” el desempleo ya
los rebasó, de ahí su reproducción a pasos agigantados, sin poder resolverse
este fenómeno social, al que no se le ve fondo.
Francisco
Vidal revela en esta investigación que este fenómeno tiene la fama de ser la
concentración comercial informal más grande de América. Sus inicios se remontan
a finales de los años 60 cuando un grupo de 17 comerciantes de herramientas dio
pie a lo que ahora se identifica como el mercado de San Felipe de Jesús, al sur
del Distrito Federal.
Es imposible
saber con exactitud sus dimensiones reales, pero se calcula que se trata de un
espacio comercial de siete kilómetros de largo, en los que se instalan 30 mil
vendedores cada domingo para atender a medio millón de personas.
Grifos
oxidados, cabezas de muñecas, refacciones para electrodomésticos, ropa, discos
piratas... en algunos puestos la mercancía parece tan añeja como el mercado
mismo.
ROSTRO DE LA CRISIS
Rehaciendo
su historia se podría llegar a comprender cuál ha sido el tránsito de la
llamada economía informal, un fenómeno que caracteriza a las economías de los
países subdesarrollados o emergentes y que es uno de los rostros de sus más
visibles atrasos.
De “economía
informal” comenzó a hablarse precisamente hace casi 40 años, cuando en 1971 el
antropólogo inglés Keith Hart utilizó el término en un estudio sobre la
ocupación en el medio urbano en Ghana.
De acuerdo
con los datos más recientes, alrededor de 10.8 millones de personas estaban en
el sector informal de la economía, lo que significa que 26 de cada 100
trabajadores mexicanos se ganan la vida en una actividad no estructurada o
informal.
Desde que se
tiene registro estadístico sistemático, nunca se había registrado un volumen
tan importante de mexicanos en esa condición.
La
radiografía del fenómeno de la informalidad en México puede quedar descrita con
apoyo en las últimas informaciones divulgadas por el INEGI en sus estudios La
ocupación del sector no estructurado de México y Cuenta satélite del subsector
informal de los hogares del Sistema de Cuentas Nacionales.
El 28% de
todo el empleo informal se concentra en las siete zonas metropolitanas más
importantes del país, pero estas ciudades han ido perdiendo peso en este
segmento, lo que significa que la informalidad se está extendiendo por la
geografía nacional.
Cada vez
existen menos trabajadores informales que realizan su labor en la vía pública.
En 2003 solamente se contabilizaron 1.3 millones (10% del total) que laboran en
puestos improvisados o semifijos en la vía pública o como vendedores
ambulantes. Dicho de otra manera, la informalidad se ha trasladado de la calle
a los domicilios o locales de clientes, patrones y de los propios trabajadores.
SERPIENTE DE SIETE CABEZAS
Desde
entonces la preocupación por el crecimiento del fenómeno de la informalidad se
ha acompañado de su estudio y de algo que, con el tiempo, ha resultado ser más
complicado: su definición precisa. Acotar para medir y pulsar.
La Organización
Internacional del Trabajo define esta porción de la actividad económica moderna
de la siguiente manera: "La economía informal se entiende fuera del mundo
del empleo regular, estable y protegido y de las empresas reguladas
legalmente".
El organismo
advierte que dentro de la definición debe excluirse la economía delictiva pues
la informal "produce y distribuye bienes y servicios legales" y la
economía de la asistencia (como el trabajo doméstico no remunerado), puesto que
nuestra protagonista tiene como objetivo la "producción de bienes y
servicios para la venta o alguna otra forma de remuneración".
Cuatro
décadas después de ser objeto de estudio, ahora la economía informal o no
estructurada, como también le llaman algunos especialistas, es un complejo
sistema que, de acuerdo con el INEGI, aporta 12.9% del PIB y da ocupación a más
de 10 millones de personas.
MADE IN TEPITO
Tepito no
tiene principio ni fin, siempre ha estado dentro de la Ciudad de México y
durante años fue la mejor representación de la economía informal.
Los
historiadores recuerdan que ya en las postrimerías del Porfiriato fueron
trasladados a este lugar grupos de comerciantes de ropa y artículos usados y
reciclados, los que se unieron a la multitud de artesanos que vivían y
trabajaban en la zona.
Pero fue en
los años 70, con la irrupción de los artículos de contrabando de origen
estadounidense -fayuca, en el lenguaje coloquial-, cuando Tepito se convirtió
en referencia clara de la economía informal.
Es
precisamente en esos años cuando las autoridades comienzan a estudiar el
problema de la “informalidad”. La Secretaría del Trabajo publica en 1975 un
estudio en el que señala que el empleo en el sector informal pudo alcanzar un
máximo de 25.1% y un mínimo de 16.6% de la PEA en 1970.
AHIJADA DE LAS CRISIS
La década de
los 80 fue la de la irrupción de la informalidad en todos los sentidos. No sólo
para la extensión y ramificación del fenómeno, sino también por las reacciones
que provocaba entre la sociedad.
Los
tropiezos que sufrieron el aparato productivo y el sector financiero, entre los
años de 1982 y 1987, dieron pie a una explosión del fenómeno de la
informalidad.
Pero toda la
década fue acompañada de un intenso debate sobre el problema.
Al final de
ésta, el economista peruano Hernando de Soto publica su texto El otro sendero
(1989), en el que diagnostica el problema como consecuencia de la continua
migración de las zonas rurales hacia las capitales.
En México,
el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado publica en 1987 la primera edición
del libro La economía subterránea en México, en el que afirma que la
participación del sector informal en el PIB de 1985 oscilaría entre 25.7 y
38.4%.

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