CULTURA


Vuelca la devoción  
en Festividad de la
Transfiguración
de Papa Chú
* La modernidad obliga a la gente perder la práctica de la fe, señala el párroco de la Iglesia de San Francisco de Asís, Víctor Manuel Aguilar *


MARIO RAÚL HERNÁNDEZ

En plena celebración de la Transfiguración de Padre Jesús (Papa Chú) el párroco de la Iglesia de San Francisco de Asís de Iguala, Víctor Manuel Aguilar Gómez, expone que la práctica de la fe ha venido a menos, porque muchos se declaran creyentes, pero los que van a misa los domingos oscila entre 9 y 13 por ciento del total de los católicos.
El padre Víctor Manuel Aguilar permite una entrevista a Redes del Sur, en plena efervescencia religiosa —5 y 6 de agosto— dos días de festividad de la Transfiguración de Papa Chú, que se viene realizando desde hace muchos años.
No obstante, el párroco, retoma el tema de la pérdida en la práctica de la fe, y menciona que, hay muchos que dicen ser católicos, y no van a misa, lo que significa que no tienen un ejercicio práctico de su fe, no se confiesan, no van a la oración, no comulgan y solo van a las misas ocasionalmente.
Se le pregunta, entonces, a qué se debe este hecho.
 Pienso —responde, que a partir de que ha habido muchas familias disfuncionales, pues hoy ya no se tiene a la familia tradicional, compuesta de un hombre y una mujer unidos para toda la vida, sino que hay padres solteros, madres solteras; por lo que a los niños se les descuida y no son educados, desde temprana edad, en las cuestiones de la fe.
—Viven con personas que a veces no practican la fe, y eso es lo que aprenden. También la misma escasez de sacerdotes; en proporción somos pocos para millares de católicos a los que hay que atender.


LIADOS CON LA FE
—También, aunque hay un repunte de laicos comprometidos con su fe, sigue habiendo escasez de laicos comprometidos con la fe católica que transmitan el mensaje de Cristo a los demás hermanos.
Es día de fiesta para la congregación católica igualteca, la iglesia San Francisco de Asís celebra desde hace muchos años —más de 60, señala el vicepresidente de la Hermandad Padre Jesús, Francisco Salazar Hernández, esta tradición se empezó a realizar después de la muerte de Jesucristo, ahí se empezó —dice.
Los hermanos de la Imagen, Hermandad de Padre Jesús, se preparan con mucha anticipación. Organizan la procesión con la imagen por alguna de las calles, las más importantes de la ciudad, llevando a mucha gente.
Después ellos mismo acuden también a un novenario de misas para pedirle a Dios, a Padres Jesús, por la misma hermandad.
La Hermandad Padre Jesús la componen alrededor de 75 hermanos, anteriormente sólo era un mayordomo el que se dedicaba. Más tarde se fue conformando esta fraternidad, que lleva ya más de 30 años organizando esta festividad.
La mesa directiva de la Hermandad la conforman un presidente y un vicepresidente, un jefe y un subjefe de cargadores, un tesorero y subtesorero, un secretario y un subsecretario y cuatro vocales.

DOS DÍAS DE FIESTA
Iguala está de fiesta, —5 y 6 de agosto— desde muy temprano las mañanitas, las misas de novena y más tarde la misa oficiada por el obispo, Salvador Rangel Mendoza, las procesiones de la imagen, la colocación en el altar mayor a Padre Jesús, la inauguración de la exposición Papa Chú, fe y devoción (tradición de vida), colocación del tradicional Arco de Flor de Chotol, los recorridos por las principales calles de la ciudad con los toritos, música de viento y chinelos, salvas, cantos, alabanzas, la comida donada por el pueblo a los fieles devotos a nuestro Santo Patrono, cohetes y castillos, hasta el palo encebado, enseguida la clausura. Son dos días de celebración, dos días de fiesta religiosa.
La transfiguración (o ascensión al cielo) de Jesús, es el cambio de persona humana a divinidad, este es el hecho que cada año celebra la Iglesia Católica.
Cuando llegué a esta ciudad hace cuatro años, —relata el párroco Aguilar Gómez, me encontré con una devoción, bonita y bien vivida por los igualtecos. Pero ahora veo que no solamente en Iguala, sino que también en los pueblos circunvecinos está la devoción hacia Padre Jesús, que litúrgicamente se llama la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo.
Se recuerda la ocasión en que Cristo subió al Monte con tres de sus discípulos, los apóstoles más cercanos a Él, los que gozaban de su confianza: Pedro, Santiago y Juan.
Y estando en la cumbre del Monte se transfiguró, de una manera particular, sus vestiduras se hicieron blanca como la nieve; su rostro, resplandeciente como el sol.
Esa es la transfiguración, porque de un aspecto ordinario, en el que lo conocían los apóstoles les mostró su gloria, su majestad, su poder, de una manera especial en el Monte Tabor. Fue cuando aparecieron platicando con Él dos personajes antiguos, uno llamado Moisés, que había vivido 13 siglos antes que Cristo. Y Elías, es el otro personaje, que aparece platicando con Jesús en el Monte, él había vivido nueve siglos antes.
Y de qué estaban platicando. Estaban platicando de la muerte que le esperaba en Jerusalén. Nuestro Jesús desconocía lo que le iba a pasar en Jerusalén. Lo que se quiere asegurar es que los apóstoles Pedro, Santiago y Juan quedaran claros que la Pasión de Cristo, su muerte, y su resurrección estaban plenamente anunciadas en la Sagrada Escritura.

LA SAGRADA ESCRITURA
Y Moisés representa los primeros cinco libros de la Sagrada Escritura que los judíos consideran los más importante: Génesis, Éxodo, Levíticos, Números y de Deuteronomio. En tanto Elías representa el Movimiento Profético, a todos los profetas lo representa él.
Quiere decir que tanto la ley o los primeros cinco libros de la Escritura, cómo los profetas estaban en perfecta concordancia, para alejar de ellos el escándalo de la cruz, para que cuando lo vieran sufrir no fueran a creer que algo había salido mal, que se le había acabado el poder, que Dios lo había abandonado. Sino que era el plan de redención que el Mesías padeciera por la humanidad.
Y eso es lo que le reconocemos a Cristo, por eso le estamos agradecidos, y le llamamos con cariño Papa Chú o Padre Jesús, que no solamente los católicos, también los hermanos separados guardan un respeto especial para Cristo, porque es el Mesías de la humanidad, es el Mesías de todos.

SEGÚN LA HISTORIA
Cuenta la historia, cuenta don Francisco Salazar, que regresaban cientos de católicos de la ciudad de México, con la imagen de Padre Jesús debidamente retocada, lista para ser llevada a su templo en Cocula, pero en Iguala determinaron descansar y lo hicieron en la iglesia de San Francisco de Asís.
Después de tomar agua y recibir alimentos de los católicos igualtecos, determinaron retirarse, pero al cargar a Padre Jesús en sus andas, “la imagen se hizo muy pesada y no pudo moverse de su lugar, algunas personas se molestaron y casi insultaron a la bendita imagen para ver si se aflojaba.
Pero una y otra vez intentaron cargar a Papa Chú, sin lograr su objetivo, hasta que un sacerdote y algunas gentes señalaron que la imagen quería quedarse en la iglesia de Iguala, fue entonces que cargaron la imagen para llevarla al altar y con sorpresa vieron que la carga se aligeró sin problemas”.

DIOS PADRE, DICE
El párroco al hacer un llamado a la gente para que tengan un ejercicio práctico de su fe, señala que en esta parte les recuerda las palabras que Dios Padre, el Padre Eterno pronunció el día de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, cuando desde la nube densa y luminosa dice: este es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias. ¡Escúchenlo!
Exactamente, eso les digo a todos los hermanos católicos, lo que tenemos que hacer es hacerle caso a Cristo, porque es el enviado de Dios, y porque el mismo Padre Eterno, así lo presenta el día de su transfiguración, “este es mi hijo, muy amado. ¡!Escúchenlo!, pónganle atención, obedezcan.
Creo que nos hace falta a todos los creyentes, subraya, ser más dóciles, interesarnos más en el conocimiento de lo que creemos, porque hay una fe bastante generalizada, pero que básicamente consiste en aceptar que Dios existe, y que Cristo es enviado de Dios, que es Dios como el Padre, pero que desconocen a veces hasta lo más elemental de la religión que profesamos.


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