COLUMNA




Golpe de Estado no es
igual a “pejelagartomanía”

El presidente Andrés Manuel López Obrador reiteró a través de sus redes sociales que la ciudadanía respalda al gobierno federal, por lo que no permitirá otro golpe de Estado como el que derrocó al expresidente Francisco I. Madero en la época revolucionaria.
¿Acaso esta “pejelagartomanía” será otra de sus declaraciones para distraer la atención, en tanto los habitantes —clase media y baja— del país viven una profunda crisis económica?, ¿y que el país maravilloso que pintó a la muchedumbre en campaña, sólo es mediática, porque en la realidad es otra? 
Por lo que cada vez hay más desencanto por la falta de seguridad y la recesión económica actual, por la cual no se ha alcanzado el crecimiento que prometió y se ha registrado un cero por ciento de crecimiento económico".
¿Acaso el Presidente lanzó esta turbadora declaración para desviar la atención por los graves problemas que enfrenta su administración?, ¿por la inseguridad que actualmente se vive? o ¿por el desgreñadero que hay entre morenistas a raíz de su Congreso Nacional que fue un fracaso? ¿o para que podamos olvidar la inflación que vive el pueblo mexicano en todos los productos de la canasta básica, si no es que ya cambió de nombre?  
Aunque luego de los ataques que recibió el mandatario federal por los tuits publicados el pasado fin de semana, aprovechó para reiterar que no hay nada qué temer porque la gente lo está apoyando.
“No hay nada qué temer porque la gente nos está apoyando, lo que tenemos que hacer es seguir trabajando por el bien del pueblo; mientras estemos al servicio del pueblo, el pueblo nos protegerá y nos respaldará”, dijo.
“Por eso lo de mi mensaje, para que nadie esté pensando que hay condiciones para dar un golpe de Estado (?)”, reiteró.
La palabra golpista deriva, como es lógico de golpe, pero no se aplica a cualquier tipo de acción en la que se golpee a alguien sino a una circunstancia muy particular: un golpe de estado.
El golpista es un individuo o un grupo que considera que una situación política determinada es insostenible y con el fin de imponer un nuevo orden social decide realizar un golpe de estado.
Desde la óptica del golpismo cuando una nación está sumida en la anarquía, el terrorismo o en una situación de grave crisis social y económica, está legitimado perpetrar un golpe de estado para "salvar a la patria".
Detrás de un golpe de estado hay aspectos sociales complejos, especialmente una lucha por el poder de ciertos sectores de la sociedad.
Si en una nación se realiza un golpe de estado, esta acción subversiva se considera una agresión ilegítima y, en consecuencia, debe ser reprimida. La represión del golpismo representa una grave situación para una nación e incluso puede desembocar en una guerra civil (como sucedió en el golpe de estado de 1936 en España).
Como norma general, el golpismo ha ido históricamente acompañado de un periodo de dictadura militar. En la historia del siglo XX la mayoría de gobiernos militares han sido impuestos por golpes de estado: en 1964 en Brasil, en Perú en 1968, en Bolivia en 1970, en Chile en 1973 o en Argentina en 1976. El binomio golpismo-dictadura es una constante en la historia de la humanidad.
En la mayoría de versiones y modalidades el golpismo ha demostrado que sus recetas no tienen demasiado recorrido. Como norma general después de una acción golpista viene un régimen de opresión con toda una serie de ingredientes: censura, control férreo del estado, falta de libertades y persecución a los disidentes. Así, la solución salvadora de los golpistas se convierte en una cárcel para una parte de la población.
Desde un punto de vista sociológico un golpe de estado supone una herida profunda en el seno de una sociedad. Prueba de ello, es el debate que todavía hay en Chile como consecuencia del golpe de Pinochet, las controversias en Argentina por los distintos regímenes militares o incluso las secuelas que ha dejado en la sociedad española el golpe militar de 1936.
Así, lo de que sería un golpe de Estado en México, pero… 

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