Don José de la Borda,

“Fénix de los Mineros”

De la Borda.

En este artículo de Jacques Paire, nos relata que uno de los últimos biógrafos de, don José de la Borda, nos ofrece una nueva mirada sobre aquel joven francés nacido a principios del siglo XVIII, quien al llegar a Nueva España desarrolló un talento inusual para rescatar vetas abandonadas en las minas y así convertirse en el propietario de una inmensa fortuna. Tras la muerte prematura de su esposa, De la Borda replanteó sus metas y consagró sus bienes y sus hijos al servicio de Dios, para dejar como su más grande legado la iglesia de Santa Prisca, en Taxco.
 
En la plaza Borda, en Taxco.
 Inscritas en la cartela de un óleo que suele atribuirse al pintor Miguel Cabrera, las palabras que dan título a este artículo, en apariencia inofensivas, hacen referencia a un minero excepcional, aunque poco conocido en la actualidad. Expuesto entre muchos en la sacristía de la parroquia de Santa Prisca, en Taxco, dicho retrato alimentó durante siglos los rumores en torno al origen de un hombre cuya fama se resume en una frase que lo hizo célebre: “Dios a darle a Borda y Borda a darle a Dios”.

Don José, quien sería descrito por el monarca de España Carlos III como “el sujeto más inteligente que en este Reino se conoce en minas y en la maquinaria para su excavación”, nació el 2 de enero de 1699 en Oloron, poblado francés situado en la provincia del Bearne. Nada señalaba que su destino sería convertirse un día en el “Fénix de los Mineros de América” ni que edificaría una de las iglesias barrocas más bellas en todo el continente: Santa Prisca.


Comentarios